uy si mirrey
true story
Don´t Drink mijo
El equipo que se arrojó al vacío Cuando al partido le faltó oxígeno aún quedaba el viento, un coma al 80’ dejó al Arsenal en manos de Highbury, sus futbolistas ya no respiraban, era la milésima vez que el viejo soplaba. Horas antes 60 mil aficionados llenaban el estadio para acompañar en la muerte a su equipo. El metabolismo de los aficionados ingleses es diferente, se nutre con gotas de honor. Y no se trata de la espesa sangre británica que tiñó a los casacas rojas porque el Arsenal jugó con Szczesny, Vermaelen, Koscielny, Gibbs, Sagna, Song, Oxlade-Chamberlain (Chamakh 75´), Walcott (Chu-Young 84´), Rosicky, Gervinho y Van Persie. Sólo tres hombres habían nacido en Inglaterra. Con esa mezcla colonial y un barón francés protegió su civilización: La Liga Premiere. El Arsenal de Wenger fundó una cultura más latina que germánica, contraria a los clanes de Manchester y Liverpool. Sin embargo en el ateneo de los “Football Clubs” hay ideales generales por encima de particulares. Defender la isla es el primer requisito, después viene el futbol. Nadie esperaba que el refinado juego del Arsenal tan ajeno al ataque en estampida tuviera el arrojo de los equipos medievales. Con un ataque suicida corrigió la eliminatoria (4-0 abajo), frente al Milán, probablemente el club más sádico de la historia. Conscientes de asistir a la muerte de su equipo los habitantes de Highbury exigieron funerales de estado. El Arsenal regaló a su pueblo una enorme derrota, de las que hacen afición y te impiden marcharte del estadio. Con tres goles en el primer tiempo (3-4) y un infarto pulmonar en el segundo, los Gunners mantuvieron la palabra de los clubes ingleses: así se forma durante siglos una Liga Premiere, el resto es plagio a los derechos de autor. José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo

El equipo que se arrojó al vacío

Cuando al partido le faltó oxígeno aún quedaba el viento, un coma al 80’ dejó al Arsenal en manos de Highbury, sus futbolistas ya no respiraban, era la milésima vez que el viejo soplaba. Horas antes 60 mil aficionados llenaban el estadio para acompañar en la muerte a su equipo. El metabolismo de los aficionados ingleses es diferente, se nutre con gotas de honor. Y no se trata de la espesa sangre británica que tiñó a los casacas rojas porque el Arsenal jugó con Szczesny, Vermaelen, Koscielny, Gibbs, Sagna, Song, Oxlade-Chamberlain (Chamakh 75´), Walcott (Chu-Young 84´), Rosicky, Gervinho y Van Persie. Sólo tres hombres habían nacido en Inglaterra. Con esa mezcla colonial y un barón francés protegió su civilización: La Liga Premiere. El Arsenal de Wenger fundó una cultura más latina que germánica, contraria a los clanes de Manchester y Liverpool. Sin embargo en el ateneo de los “Football Clubs” hay ideales generales por encima de particulares. Defender la isla es el primer requisito, después viene el futbol. Nadie esperaba que el refinado juego del Arsenal tan ajeno al ataque en estampida tuviera el arrojo de los equipos medievales. Con un ataque suicida corrigió la eliminatoria (4-0 abajo), frente al Milán, probablemente el club más sádico de la historia. Conscientes de asistir a la muerte de su equipo los habitantes de Highbury exigieron funerales de estado.

El Arsenal regaló a su pueblo una enorme derrota, de las que hacen afición y te impiden marcharte del estadio. Con tres goles en el primer tiempo (3-4) y un infarto pulmonar en el segundo, los Gunners mantuvieron la palabra de los clubes ingleses: así se forma durante siglos una Liga Premiere, el resto es plagio a los derechos de autor.

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo

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